EN AMOR HADA.

El hombre a quien por más tiempo he amado, y de quien más me he sentido amada es curiosamente el hombre con quien menos sexo he tenido. Nuestra historia de amor data de unos 20 años atrás, nació sin darme cuenta, y ha estado llena de obstáculos, son más las cosas que nos han separado que las que nos han unido.

Al principio nos separaban nuestras creencias acerca de preferencias sexuales, estábamos perdidos en etiquetas sociales respecto al empaque en que debería venir el amor de nuestra vida, después nos separó mi matrimonio y la distancia, después nos separó un mal tiempo emocional y al final nos separó el destino, aun así le seguimos apostando a lo único que nos ha unido: nuestro infinito amor que ha sobrevivido a los embates de la adversidad y que cada vez que naufraga, sobrevive, pegado a la más débil tabla de salvación, seguimos desafiando a ese destino que se ensañó con nosotros, y en ese desafío hemos bailado con la muerte y la hemos visto tan cerca que incluso a mí, no sé a él, me ha parecido que quizá para nosotros esa sería nuestra liberación, salir de la materia y transformarnos en seres de otros mundos para olvidarnos el uno del otro, aunque él esté convencido que incluso en otro cuerpo y en otra vida nos reconoceríamos como lo hemos hecho en ésta.

Con él he aprendido el arte de la más exquisita sensualidad, a robarle tiempo al tiempo para hamacarme en su cuerpo y respirar su aliento, con él he aprendido a conservar su fragancia más allá de lo que la física y la química lo permiten, con él he visto la luna de día y el sol cuando está más oscuro, con él he recuperado la fe en la humanidad, él ha sido crisálida y mariposa a su antojo en varias estaciones de nuestra vida, lo he visto en la oscuridad de su capullo y lo he visto volar y exhibir sus colores sin pretensiones.

Cuando hemos volado juntos me ha dejado caer y yo he planeado sobre nuestros desacuerdos y lo he esperado al final del vuelo con la certeza de que abrirá sus alas para emprender vuelo conmigo otra vez. Él cree que soy su diosa, su maestra, una suerte de gurú interdimensional, lo que ignora es que él es lo mismo para mí, un dios con d minúscula que tiene el secreto para entrar a su corazón herméticamente guardado y que, aunque sé que he conquistado su amor, él sigue conservando la llave de su corazón.

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