¿QUIÉN DEBE PAGAR LA CUENTA EN LA PRIMERA CITA?

Desde que me separé en el 2011 he tenido pocas citas, la mayoría de los cortejos vienen de otros países vía facebook a quienes  no he flechado yo sino las fotografías que hay de mí en la página, suena triste pero a eso está de alguna manera reducida la actual actividad sentimental en la vida de las personas. Suelo descartar este tipo de cortejo porque no estoy dispuesta a viajar largas distancias para reunirme con el futuro bisabuelo de mis bisnietos que vendría siendo el hombre que me acompañe en este momento de mi vida. Y es que cuando una es mujer soltera e independiente financieramente viviendo en un país extranjero es difícil saber si el interés del tipo es por las fotos, o si lo más atractivo es nuestro estatus legal, siendo realistas lo segundo pesa más que lo primero, eso lo sabe uno cuando lee el gastado discurso de los tipos que no dista mucho del que usaban cuando tenían 25 y estaban conquistando jovencitas de 15, sólo que a los 15 años una apenas está haciendo estadísticas de cuan bella se es con cada piropo que recibe, pero a los 50 ya las cifras estadísticas están establecidas y ese es el último dato que una quiere recibir en un cortejo.

 

Están las citas en vivo y en directo que representan un porcentaje tan pobre que es mejor no mencionar. Algunas de estas citas son golpes de suerte en la red, es decir tipos que coincidencialmente viven en la misma ciudad de uno y luego de visitar nuestra página de facebook nos invitan a salir, cosa que se acepta luego de un minucioso seguimiento de al menos dos semanas en facebook para ver en que anda el sujeto. El encuentro suele ser lo más parecido a un aterrizaje forzoso si tenemos en cuenta que la mayoría de los tipos después de cierta edad suelen poner como foto de perfil, la mejor foto que les tomaron una década atrás, una ya está montada en la escena de la película con un tipo cuarentón de cabello cano, rostro interesante, bien cuidado y medianamente atlético cuando aparece alguien que uno sospecha es el padre del prospecto, para después darse cuenta que es el mismo pretendiente con el peso de la ultima década y sus consabidos divorcios y desencantos amorosos.

 

No sé ustedes chicas, pero a mí no me resulta nada interesante ni atractivo compartir heridas de guerra sentimentales con un tipo que acabo de conocer, me interesa poco su pasado, porque a lo que aspiro es a su futuro, por eso las conversaciones históricas sobre su largo historial sentimental me apagan el fuego y terminan haciendo el mismo efecto que hacen los cuentos nocturnos de hadas en mis nietos.

 

Tampoco disfruto los interrogatorios, me gustan más las conversaciones que convergen en temas de interés común en donde cada uno expresa su punto de vista y nos permite saber con antelación cuales serán las diferencias que tendremos que abrazar, si es que la relación avanza. Y no vamos a hablar de los que usan la cita para quejarse de su inestabilidad laboral y económica, esos son los que yo llamo auténticos espanta mujeres. Señores, aunque estén dependiendo del gobierno para sobrevivir, hay cosas que no se discuten con la persona que se acaba de conocer, pero sobre todo con la dama que ustedes desean como compañera sentimental.

 

Aunque fui educada para ser atendida por los hombres, eso es historia patria porque en esta época eso es más una utopía que una remota posibilidad, es por eso que uno ya sabe que todo lo que pide durante la cena será pagado por una. Como recuerdo en ese momento a mis congéneres que se alzaron el vestido y declararon la famosa liberación femenina, nunca se les pasó por la mente que la liberación femenina implicaría trabajar más, ganar menos, estar más cansadas y renunciar a la galantería para que ellos nos hicieran lo mismo que nos hacían antes, es decir el amor.

 

Aunque me considero moderna, reconozco que el tipo que paga la cuenta que abre la puerta del auto, que luce su mejor traje para salir con nosotras, se perfuma, cuida sus modales y paga la cuenta lleva las de ganar al que expone los modales contrarios sólo porque reconoce nuestra fortaleza femenina, nos sabe inteligentes, maduras, independientes financieramente y no quiere vulnerarnos haciéndonos sentir unas pobretonas que no tenemos con qué pagar la cuenta.

 

Con todo esto ando un poco perdida respecto al rol masculino ¿deben ellos seguir pagando al menos la  cuenta en la primera salida? ¿debemos pagar nosotros nuestro consumo como muestra de “liberación” o debemos pactar eso antes de salir en la primera cita? lo cual pienso, le quita cierto romanticismo al asunto. Personalmente creo que esto no tiene nada que ver con solvencia económica, ni con liberación femenina y si en cambio con uno de los roles masculinos y que pesa mucho, así el feminismo no lo conciba, las mujeres necesitamos seguridad bien sea afectiva o material, cuando no es que necesitamos ambas, independientemente de que tengamos nuestra estabilidad económica, saber que nuestro compañero también la tiene nos hace sentir más relajadas, más atraídas y sobre todo despierta  nuestro nivel de admiración por el individuo, por lo tanto tener atenciones con las mujeres que impliquen inversión económica no tiene que estar relegado sólo a un interés expreso en llevarnos a la cama esa misma noche, sino que es una señal inequívoca de que ese hombre está bien relacionado con su rol masculino. Que nosotras aceptemos esa galantería no significa que somos sumisas y dependientes, significa que también estamos en paz con nuestro rol femenino.

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