EN LAS REDES SOCIALES SOMOS MÁS SINCEROS AÚN SIN QUERERLO.

Las redes sociales llegaron y cambiaron el rumbo de la actividad social, al punto que hoy en día sabemos más de los amigos virtuales que de los compañeros de trabajo, anteriormente a uno le tomaba su buen tiempo conocer a alguien y desilusionarse de las amistades, quizá por eso las amistades duraban toda la vida, es más fácil ser amigo de alguien a quien se cree conocer que de alguien a quien se conoce realmente, eso era porque el tiempo que se compartía con los amigos estaba reducido a encuentros ocasionales y a celebraciones. Ahora uno se familiariza más rápido con las amistades a través de Facebook, porque todos los días estamos expuestos a lo que sienten, piensan y dicen, hasta sabemos lo que hacen cada día, si van de vacaciones si tuvieron logros, si están tristes, enfadados o frustrados, anteriormente estas vivencias eran resumidas en anécdotas que nos contaban los amigos cuando nos encontrábamos, y esas anécdotas ya tenían el filtro de la necesidad de probación y la mágica belleza de la narrativa. Ahora basta con echarle una mirada al perfil de nuestras amistades y uno descubre sus pequeños infiernos escondidos detrás de cándidas publicaciones y de causas nobles por las que luchan, uno ve un ser diferente al que reposa en nuestros ideales dibujado en su más cruda realidad a través de sus inocentes publicaciones, entonces todo aquello que creíamos tener en común con esa persona se revela como ese ideal que tenemos de que nuestros amigos sean lo que necesitamos no lo que ellos realmente son.

Esto desmitifica aquello de que las redes sociales sirven para mentir y moldearnos en aras de obtener aprobación,  la verdad es otra, las redes sociales proporcionan un grado de intimidad pública que hace imposible mantenerse mintiendo por mucho tiempo, ya que no nos comunicamos sólo con lo que decimos que somos, en realidad nos comunicamos más con lo que no decimos, o con lo que decimos tácitamente representado en cada publicación, que si sabemos darle una profunda lectura nos revela mucho de los demás: las causas con las que simpatizamos, los likes que le damos a las publicaciones de los demás,  las imágenes que compartimos, los textos y los videos que publicamos, todo lo que nos despierte simpatía o antipatía en las redes sociales grita más fuerte que nosotros.

Por eso cuando conocer a un amigo, novio o amante por medios de las redes sociales se convierte en desencuentro, no podemos culparlos, porque si hay alguien responsable somos nosotros que no supimos leer todo lo que el otro nos trasmite a través de su página, hasta los amigos que uno tiene en su red social hablan de uno, porque son nuestra elección. En este orden de ideas pienso que quienes no gustan de redes sociales tienen mucho que ocultar o quieren mantener sus sombras bien guardadas.

Las redes sociales no son algo nuevo, siempre han estado ahí en el vientre de la sociedad luchando por salir a la luz y brillar como lo están haciendo ahora , durante mi adolescencia recuerdo haber comprado la revista TU y otras como Vanidades donde había una página de contactos, en donde uno se anunciaba con el deseo de conocer a alguien por correspondencia , se publicaba nuestra dirección para que le escribieran, los más cuidadosos se hacían a un apartado aéreo para recibir su correspondencia, yo recuerdo haber alquilado un apartado en las oficinas de Avianca frente al parque la María en Cali, no por precaución, sino porque donde vivía no llegaba el cartero. Ante mi mala fortuna con los hombres pensé que sería buena idea buscar novio por correspondencia, me intercambié cartas durante 9 meses con Andrés, un cartagenero de 33 años mientras yo sólo tenía 17, cuando me envió su primera foto no me gustó físicamente, pero las mujeres siempre tenemos la ilusión de que el hombre consiga que lo veamos guapo llenándonos de atenciones y yo asumí ese margen de error.

Cuando viajó desde Cartagena a conocerme, la cosa empeoró, él no sólo no me atraía, sino que teníamos intereses personales muy diferentes y su estancia en Cali se convirtió para él en una perfecta oportunidad de hacer turismo y nada más. No obstante no fue el único hombre con quien establecí relación por correspondencia, de hecho creo que he sido mejor conquistando con la palabra escrita que por amor a primera vista. Estoy segura que si en aquel entonces hubiera existido Facebook y hubiera conocido a Andrés por ese medio, se habría podido ahorrar el viaje a Cali para conocerme, porque no hubiéramos tenido la oportunidad de idealizarnos el uno para el otro por escrito, sino que hubiéramos descubierto que nuestros pequeños demonios no eran compatibles.

Así que no seamos tan camanduleros satanizando las redes sociales y las relaciones que nacen de ellas, que peligros siempre han existido, pero no es el medio quien genera el peligro, es uno mismo que por necesidad de tener a alguien decide cerrar los ojos ante lo evidente, por algo dicen que el amor es ciego, aunque a decir verdad el ciego es uno.

 

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