SEXO SI, PERO EN MI CASA NO.

¿Pueden dos personas del sexo opuesto dormir en la misma habitación sin tener sexo? más aún ¿Pueden acostarse en la misma cama aunque haya tensión sexual entre ellos sin ceder a la tentación? por increíble que pueda parecer, si se puede, yo misma lo he verificado, he dormido en la misma cama con muchos hombres con los que tengo tensión sexual sin tener sexo. Para quienes son escépticos y no lo pueden creer les notifico que la utilidad mayor de una cama es el descanso, porque para tener sexo, también están los sofás, las mesas, las sillas, los sillones, el piso, la alfombra, la bañera, la playa, el auto etc.  Que son lugares que en cambio no proporcionan el mismo grado de descanso, pero si un alto nivel de satisfacción sexual.

En estos días me vi en aprietos para ayudar a mi hija a encontrar alojamiento en una ciudad por donde pasaría una noche, sólo porque iba acompañada de un hombre que no era su esposo, porque la amistad sin sexo entre mujeres con hombres heterosexuales es un misterio, es decir todas las mujeres reportan tener  amigos heterosexuales con los que no tienen sexo, pero no pueden creerle a las demás que ellas también los tengan. En líneas generales la gente está a la defensiva cuando una mujer anda en compañía de un hombre heterosexual, creen que indefectiblemente tienen que tener sexo como si con alguien del mismo sexo uno no pudiera tenerlo también y hacer la misma algarabía que hacen los heterosexuales. Lo cual me llevó a otra pregunta ¿Es apropiado darle alojamiento a personas de sexos opuestos en nuestra casa? o ¿Debemos tener una norma de “buena moral” que prohíba a nuestros huéspedes tener relaciones sexuales durante su estancia en nuestra casa?

 

Habría que estipular si tener sexo en casa ajena se puede considerar una falta de respeto o si, a quien se le está faltando al respeto es a los huéspedes vulnerándoles su intimidad y condicionándoles la hospitalidad, en cuyo caso la época de ser buenos anfitriones está dejando de ser un fino arte de buenos modales y de generosidad porque la dualidad entre modernismo y mojigatería ya no nos permite ejercerlo más, aunque también sería interesante revisar por que el sexo ajeno nos causa tanta incomodidad, y nos resulta en todo caso más sucio que el que nosotros practicamos.

Recuerdo alguna vez que alojé a una mujer en mi casa y a la mañana siguiente la dejé en compañía de un amigo que la estaba visitando mientras yo salía de compras, pero a los 5 minutos regresé a casa porque había olvidado algo, cuando entré ellos estaban teniendo sexo en el sofá de la sala, me dio mucha pena haberlos sorprendido, puedo asegurar que más que la que les dio a ellos. Pero entendí que esas cosas pasan. Personalmente no sentí en ello falta de respeto, y pienso que todo deriva de la falsa ilusión que seguimos teniendo de propiedad privada, ya que el argumento más fuerte sigue siendo  “en MI casa, NO”

Una de las personas a quien acudi para alojar a mi hija nos antepuso que si era para una noche de pasión ese no era un buen lugar, y claro, fue un momento muy incómodo porque no entendí  que le hacía pensar a alguien que ni conocía a mi hija que su estadía tenía como propósito tener sexo, de hecho cuando un hombre está pensando en tener sexo con una mujer casada, lo último que haría sería pedir alojamiento en una casa, simple sentido común.  En algún momento sentí que el precio que habría de pagar por el alojamiento en aquella casa era dar una serie de explicaciones acerca de la relación de mi hija con el hombre que la acompañaba y me temo que empecé a hacerlo, eso fue hasta que se me ocurrió que posiblemente el prejuicio de ésta mujer estuviera basado en la imagen que yo proyecto, y por supuesto la hija de alguien con la mente tan abierta como yo, debe ser similar a mí, pensará la gente. Con lo cual deduje que era más barato pagar un hotel que seguir pagando cuotas desgastantes de explicaciones.

Pero esta aventura resultó muy interesante, porque me enteré que la sociedad en líneas generales no ha actualizado el software sexual, ya que  todas las puertas que toqué, tenían exactamente el mismo prejuicio, lo cual me mostró que actualmente tenemos casas más grandes pero corazones más pequeños y mentes más estrechas para dejar entrar a otros en nuestros espacios. Pero lo que me parece más curioso es que estamos en épocas donde las redes sociales lo destapan todo, tenemos televisores más modernos, teléfonos y computadoras con lo máximo en tecnología, estamos a las puertas de la tele transportación pero nuestra relación con el sexo y el manejo de nuestra energía sexual, sigue estando dictada desde la caverna, todavía pactamos con los mismos sistemas de creencias rancios que tenían nuestras abuelas al respecto. A pesar de que ellas no fueron exitosas con esa metodología, estamos siguiendo el mismo patrón de educación sexual con nuestros hijos, exhibimos fachadas de personas liberales, pero en la intimidad del hogar nos comportamos como personas recatadas, seguimos fragmentados entre lo que quisiéramos ser y lo que no podemos dejar de ser, no podemos quejarnos de no tener buenos resultados en la educación de nuestros hijos, pues no estamos siendo coherentes ni consecuentes con la única persona que debemos serlo, con nosotros mismos.

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